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lunes, 24 de noviembre de 2008

¿Quién lee a los críticos?

No conozco los detalles sobre lo que sucede en otros lugares pero recorriendo los sitios web de algunos diarios y revistas no hay muchas voces que se distingan de entre la morralla ambiental. Antes un reseñista del New Yorker era Steiner quien, a su vez, ocupó la plaza que al morir dejó Edmund Wilson. En cambio, hoy debemos resignarnos a un comentario de Jonathan Lethem sobre Roberto Bolaño en cuanto talismán de la nueva narrativa latinoamericana: “Bolaño has been taken as a kind of reset button on our deplorably sporadic appetite for international writing, standing in relation to the generation of García Márquez, Vargas Llosa and Fuentes...”

Con motivo de la reciente edición en inglés de 2666 esta nota se publicó en el NYT y, con las adaptaciones del caso, apenas si transcribe aquella oración que en boca de muchos ya hemos escuchamos aquí y allá.

Tiene razón Juan Malpartida: es lamentable la desaparición del crítico capaz de enseñarnos algo que, solos, no habríamos podido ver. Así lo escribe en su colaboración de Letras Libres de este mes:

“¿Quién necesita a los críticos? ¿Para qué los críticos? En cuanto a lo primero: las empresas, porque son una publicidad barata; en cuanto a lo segundo, soy más pesimista. Y sin embargo creo en la necesidad de la crítica, porque sigo creyendo que forma o debe formar parte de lo que otro crítico dijo modestamente: que es un diálogo culto que se mantiene con un interlocutor imaginario, y porque tiene o debería tener una dimensión política importante al mediar entre los productos de la cultura y los receptores de la misma. No sólo es opinión sino idea.”

La desaparición de la crítica, al parecer, sucede en todas partes, del cono Sur al medio peninsular --y entiendo que los norteamericanos pasan por el mismo mal (Sven Birkerts publicó hace tiempo un ensayo notable sobre el cierre de Partisan Review como ejemplo sintomático).

El problema, sin embargo, es que no hay qué ni a quién leer, a pesar de que aún existan aquellos dedicados a la reseña mensual (a veces yo entre ellos). En México los suplementos culturales prácticamente han desaparecido y las revistas con cierto espacio para la crítica pueden contarse con los dedos de una mano. Ahora bien, lo más grave es que la figura del crítico como tal carece ya de importancia. ¿Quién lo lee? A juzgar por lo que hay... confieso que yo no. Al último que seguí con regularidad fue a Christopher Domínguez pero antes no me perdía una nota de Pacheco, una reseña de Zaid o un ensayo de Paz. Hoy prefiero sumergirme en una entrevista en donde un autor (Piglia o Vila-Matas, Juan Gabriel Vázquez o Junot Díaz) habla de sí mismo, de su obra o los libros de los demás.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Vidas perpendiculares

Vidas perpendiculares es una novela de estructura compleja y, a veces, complicada. Por los destellos de humor y buena prosa, muchos de sus capítulos son realmente admirables aunque, en otros, al narrador se le escaparon varias lagartijas (la imagen es de Paz Soldán). Ahora bien, estos posibles cabos sueltos no me parecen un obstáculo suficiente para no reconocer que Álvaro Enrigue es uno de nuestros novelistas más sólidos. Tanto que, contra lo que suele suceder cuando nos encontramos ante una trama difícil pero inútil, con Vidas perpendiculares se antoja una segunda lectura, seguros de que sus páginas aún nos reservan algo.

No sé muy bien qué sea ese algo y, al cabo, cada quien su lectura. Las hay tan extrañas que –al oírlas– uno se queda con la boca abierta, titubeando bajo la fuerte impresión de haber llegado a otra casa… ¿Leímos el mismo libro? A propósito de Vidas perpendiculares escribe Christopher Domínguez en El Ángel de este fin de semana:

"Estamos ante una novela histórica porque su materia novelesca se nutre, si no me aventuro muy lejos, de algunas de las ideas del filósofo y jurisconsulto napolitano Giambattista Vico (1668-1745). Enrigue, con una profunda y divertida lucidez, juega con esas fases de la historia universal que van y vienen a través de corsi y recorsi, siempre y cuando haya una mente capaz de recurrir a la penetración imaginaria, al don de la fantasía, para convocarlas."

Pues sí. Y me imagino que no faltará quien piense que la novela de Enrigue es, en realidad, una puesta en práctica de la técnicas narrativas de Jeffrey Lieber… Y ahora que lo escribo advierto que, después de todo, las intersecciones espacio temporales de Lost pudieran tener también una deuda inconfesada con Vico...